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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 789

Enzo conocía de sobra a su hijo. En años anteriores, le había presentado a varias muchachas de excelente familia, con muy buena educación y un atractivo indiscutible. Sin embargo, Ben siempre encontraba la manera de rechazarlas a todas. Al final, terminó por darse por vencido y abandonó la idea de buscarle pareja. A fin de cuentas, el que se quedaba soltero era Ben, no él.

Celia sonrió.

—Quién sabe, quizás la que tengo en mente sí sea de su agrado.

—Ah, ¿sí? —Enzo mostró un interés genuino—. ¿De qué familia es? ¿A qué se dedica la muchacha?

—Estudia Bellas Artes y actualmente vive en Montelva. No proviene de una familia acaudalada. Es originaria de Rivale y su padre es un respetado profesor universitario.

—¿Un profesor universitario? Me parece muy bien —dijo Enzo, asintiendo con aprobación—. Una familia de académicos e intelectuales siempre es muy respetable. A mí me basta con que provenga de un hogar con buenos valores y principios, sin embargo, lo verdaderamente importante es que a Ben le guste.

—En cuanto todo se acomode por acá, la llevaré a casa para que la conozcan.

Tras despedirse con cariño, Celia colgó la llamada. Enzo quedó un momento pensativo en el sillón. El mayordomo se acercó a servirle el café, al notarlo tan ensimismado, le preguntó:

—Señor, ¿qué le dijo la señorita Celia?

Enzo esbozó una sonrisa de resignación.

—Dice que quiere presentarle una chica a Ben. Pero ya conoces lo difícil de complacer que es ese muchacho. Me preocupa que Celia se esté esforzando en vano.

—Tal vez la señorita logre convencerlo esta vez.

Enzo le dio un sorbo a su taza de café.

—¿De verdad crees que Ben es tan fácil de persuadir?

—Desde que la señorita volvió a la familia, el joven señor ha estado haciendo todo por ella. Incluso casi acepta un matrimonio arreglado solo por apoyarla.

Enzo suspiró suavemente.

—Sé muy bien cuánto se quieren como hermanos, pero prefiero por mucho que Ben encuentre a alguien y se enamore de verdad, sin compromisos ni presiones de por medio.

—Entiendo perfectamente su inquietud, señor. Aunque quizás la señorita solo quería tantear el terreno para ver qué opina usted.

Enzo hizo una pausa, reflexionando. Era bastante probable que así fuera…

***

Al día siguiente, César acompañó a Celia al hospital para realizarse una ecografía aprovechando su jornada de descanso.

César quedó completamente petrificado. Su expresión pasó en un segundo de la angustia total a la más pura incredulidad. Miró a Celia fijamente, aturdido, como si no pudiera procesar la noticia. ¡Eran gemelos! ¡Celia iba a darle dos bebés!

Celia se llevó instintivamente las manos al vientre, con los ojos bien abiertos.

—Doctor, ¿está totalmente seguro de que son gemelos? —intentó confirmarlo.

—Sin lugar a dudas. Son dos fetos y ambos se están desarrollando de forma excelente.

Celia sintió cómo una ola incontenible de emoción y felicidad la invadía. ¡Iba a convertirse en mamá de dos pequeños!

Al salir de la clínica, César no podía despegar la mirada de la placa de la ecografía, midiendo con la mano el tamaño de la imagen. Celia, tras revisar todos los informes, estaba segura de que los bebés estaban en perfectas condiciones. Al levantar la cabeza, vio la devoción y la torpeza con las que César miraba el papel y no pudo contener una risita burlona.

—¿Cuatro piernas? ¿Y qué tal te sientes después de semejante metida de pata?

César carraspeó un par de veces para disimular la vergüenza.

—Es que la verdad… no me imaginaba que fueran a ser gemelos.

Era la primera vez en su vida que presenciaba una ecografía en vivo y en directo, así que los nervios le habían jugado una mala pasada.

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