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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 790

Cuando llegaron a la casa, Salma vio la ecografía y se emocionó al instante.

—¡Son gemelos! ¡Qué maravillosa noticia! ¡Vas a cumplir el sueño de tener dos hijos de un solo jalón!

—Aún estoy procesándolo —admitió Celia, acariciándose con ternura el vientre—. ¿Qué voy a hacer si los dos me salen igual de inquietos?

Salma se sentó a su lado en el sillón.

—No te preocupes por eso. César te adora de una forma increíble, así que no me cabe duda de que será un excelente padre.

—Aunque si los niños sacan su carácter, no sé qué tan fácil vaya a ser la cosa.

Las dos se miraron a los ojos y soltaron una risotada. Salma captó la indirecta al vuelo.

—Mira, si son varones, que saquen tu personalidad. Y si son niñas, que saquen el carácter firme de él, así nadie se va a atrever a jugar con ellas y los chicos malos no se les van a acercar.

Continuaron riendo animadamente mientras César y Ben las observaban desde el jardín. Aunque no lograban escuchar la conversación desde allá, les daba gusto verlas tan contentas. César dejó de verlas y se volvió hacia Ben.

—Parece que Salma te interesa mucho.

Ben arrugó ligeramente el entrecejo y lo miró.

—En este momento estamos hablando de ti y de Celia, no de mí.

—¿Y qué más hay que hablar entre Celia y yo? —César se apoyó contra la balaustrada del jardín, sonriendo con satisfacción—. Nos amamos y vamos a formar una familia. Con eso basta.

Ben no supo qué decir y lo miró de reojo. ¿Acaso le estaba presumiendo su felicidad?

—Celia está embarazada y con el paso de las semanas va a requerir de muchísima más atención. Esta casa es demasiado pequeña como para traer a un equipo de servicio que la atienda en condiciones.

—¿A qué quieres llegar con eso? —Ben arrugó la frente.

César sonrió con serenidad.

—Solo pienso en su comodidad y en la de los bebés. Faltan apenas dos meses para regresar a casa, pero no quiero que pase apuros mientras tanto. Renté una residencia muy amplia aquí cerca y contraté personal capacitado para que se encargue de todo. ¿Tienes alguna objeción?

Ben guardó silencio. Sabía que Celia necesitaba el mejor cuidado posible y era evidente que César se desvivía por ella, así que no había razón alguna para negarse.

***

Cuando regresaron a la sala, César le propuso a Celia la idea de mudarse juntos a la nueva casa.

—Pues, en tu casa. ¿Qué problema hay?

Salma se quedó pasmada por un segundo.

—Es decir… ¿me voy a quedar viviendo a solas con él?

Celia no había reparado en la incomodidad de la situación. Sabía perfectamente que Ben era un caballero intachable, pero comprendió que para Salma podía resultar bastante extraño.

—Voy a contratar a una empleada doméstica para ustedes —dijo Celia tras meditarlo un momento—. Ben es pésimo en la cocina y tampoco es justo que te encargues de todo. Así vas a estar mucho más tranquila.

—Pero contratar a una empleada debe ser carísimo…

—Haré que él lo pague. No te preocupes.

Salma dudó un instante, pero Celia le puso una mano sobre el hombro para consolarla.

—Tranquila, puedes venir a visitarme a la hora que quieras.

Salma asintió con la cabeza. De hecho, no era que desconfiara de la integridad de Ben. Si él fuera mala persona, ella se habría alejado de él. Sin embargo, cada vez que lo tenía cerca, el corazón le empezaba a latir a mil por hora. Sabía que era un hombre sumamente atractivo, pero no era el primer hombre guapo que veía en su vida. ¿Por qué solo con él sentía esa agitación extraña?

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